Posteado por: indigenas | abril 1, 2007

HISTORIA DE LOS URUS UCHUSUMA

 Roberto Choque Canqui   Cristina Quisbert Quispe 

Durante la colonia y república, los urus tuvieron que estar enfrentados por los españoles y aymaras. Si revisamos la documentación colonial y republicana encontramos a varios grupos urus ubicados en diferentes sitios de la orilla del lago Titiqaqa y en el trayecto del río Desaguadero llegando hasta el lago Poopó registrados dentro de las markas o comunidades aymaras. Se puede mencionar a los urus challacollos, yayes de Aygachi, quinaquitaras e iruwitus, si bien estuvieron peleados entre ellos pero se aliaban para enfrentarse a los españoles[1]. Se evidencia que la guerra hispana-uru uchusuma desde fines del siglo XVI se prolongó hasta principios del siglo XVII. Los uchusumas para la guerra se aliaban con otros urus y por su parte los españoles estaban aliados con mestizos e indios (aymaras). Fue admirable la resistencia de los urus del asiento de Uchusuma frente a las fuerzas españolas aliadas con el gobernador de Chucuito, los corregidores de Pacajes [Pakaxa], Omasuyos y Larecaja. Evidentemente los urus uchusumas fueron acusados de ser salteadores, cometer robos contra sus vecinos aymaras y mostrar rechazo a la cristianización. Esas actitudes de hecho fueron aprovechas por las fuerzas españolas para declarar guerra a los urus considerándoles como indios bárbaros. Para su mejor apreciación pasamos a describir las acciones de la siguiente manera. Los urus uchusumas habitaban en la laguna denominada Chucuito (Titiqaqa) que  tenía grandes ciénagas y pantanos, especialmente la parte habitable era un totoral de nueve leguas de largo y una o dos de ancho.  En medio de este totoral, había “una isleta de tres cuadras de largo y dos de ancho”, donde habitaban los indios uchusumas. Se puede decir que contaban con calles y ocultas sendas por todo el lago, por donde con sus balsas navegaban con destreza sin ser vistos, y armaban peligrosísimas celadas puestas para aquellos que ignorando se atrevían a entrar en el totoral.  Eso significaba que entre 1632 y 1633 los uchusumas estuvieron enfrentados con los españoles.  A consecuencia de esto se producían muchos apresamientos y los prisioneros eran muertos a garrote. Las autoridades españolas: el gobernador de Chucuito y el corregidor de Pacajes procuraban someter a esos urus a su autoridad, acusándoles de resistirse a la evangelización y comportarse como bárbaros. Según Lorenzo Inda, el idioma de este grupo humano sería: uchhumataqo, conocido por otro nombre:  pukina[2]. Los indios uchusumas se habían atrevido en años anteriores a 1632 realizar “grandes insolencias, robando y talando los pueblos y estancias comarcanas” (vecinas), por ejemplo, “hurtando ganado, ropa y lo demás que podían haber a las manos”.  En los últimos meses de 1632 habían aumentando en grande su demasía, haciendo entradas en el pueblo de Guaqui, cabeza del corregimiento de los Pacajes, aprovechando la mala seguridad del camino real de esos lugares.  Esta situación fue a conocimiento del Virrey del Perú y de la Real Audiencia de Charcas. Entonces el corregidor de Pacajes, Rodrigo de Castro, siendo un mozo sin experiencia en reprimir y castigar la insolencia de los uchusumas, no podía tomar medidas oportunas contra los referidos indios hasta que el gobernador de Chucuito organizó su gente para la entrada, enviando dos y tres delegados de paz ante los urus para que reconociesen y obedeciesen al Rey de España. Pero los uchusumas respondieron manifestando que ellos no eran cristianos y por tanto no tenían por qué obedecer al referido Rey[3]. Frente a ese rechazo uru, el corregimiento de Pacajes y el gobernador de Chucuito se prepararon para someterlos mediante la guerra. Especialmente el gobernador de Chucuito ya irritado deseaba darles algún ejemplar castigo para que temiesen y escarmentasen. Aprovechando una buena ocasión, salió el cacique Juan Pachacayo una noche al Desaguadero con sus dos hijos Juan Julio y Diego Cayocayo, con otros dos capitanes Pedro Cuyar y Juan Cayo, pero fueron apresados por el teniente de Zepita, escoltado por cuatro hombres. Los referidos indios fueron llevados a Zepita en calidad de prisioneros donde después de algunos días fueron ajusticiados por el gobernador, es decir ahorcados en la plaza de Zepita. Después fueron puestas sus cabezas en el arco del puente del Desaguadero, para que teniendo los demás indios a su vista el castigo a sus caciques y capitanes, temiesen y escarmentasen. Luego muerto su cacique Juan Pachacayo, eligieron en su lugar a Pedro Laime, hombre valiente y decidido.  El nuevo cacique dividió su gente en cuatro escuadras; la una guiaba él mismo en persona, y para las otras tres nombró capitanes a Martín Laya, mestizo, a Hernando Pata y a Hernando Cayo. Una noche de repente acometieron al puente del Desaguadero, quemaron algunas casas (seguramente del cacique);  mataron a lanzadas a dos mulatos, hirieron a otras dos personas, quitaron con grande brío las cinco cabezas expuestas:  la de su cacique y la de los capitanes que estaban en el puente y se las llevaron consigo;  llegando todos y lamiendo con tal afecto la sangre de los palos en que estaban manchados que los dejaron limpios y blancos, sin dejar en ellos rastro de sangre con que se retiraron causando gran temor en los pueblos comarcanos, recelando todos mayor daño. Ahora veamos las entradas españolas y la victoria uchusuma. 

Primera entrada

El gobernador de Chucuito, juntando la gente como pudo, hizo la primera entrada.  Para ello, llevó consigo 70 personas: 30 españoles, los demás eran mestizos e indios.  Llevaron doce bocas de fuego.  Marcharon por tierra, al acercarse a la orilla del totoral aparecieron 90 indios en balsas bien armados todos y a espaldas de ellos como escolta en el totoral 250 personas (entre ellos mujeres y muchachos con libes y piedras).  El gobernador les siguió con los suyos por los pantanos, con agua al pecho, amedrentándoles a los indios con los tiros de arcabuces (uno de los indios fue muerto y había tres heridos). En este ataque, huyeron todos los indios y las gentes del gobernador entraron en las cinco isletas donde los uchusumas tenían a mano en el río de Callacame que entra en el totoral.  Aquí quemaron los atacantes 70 casas de indios y secuestraron 700 cabezas de ganado de cerdo y 30 carneros de la tierra (llamas) y muchas piezas de ropa. 

Segunda entrada

Reuniendo más gente, el referido gobernado ingresó por segunda vez el día del apóstol San Andrés.  Pasó el río Callacame con una escuadra de hasta 16 soldados con el agua a los pechos. Llevaban doce bocas de fuego;  el gobernador iba por tierra firme, escoltado con 50 hombres.  Se encontraron a orillas del totoral con los uchusumas, en cantidad de 300 personas (entre hombres y mujeres) quienes a  gran prisa estaban haciendo muchas balsas.  Viendo a los españoles se marcharon todos huyendo y en esta retirada fue muerto un indio de un arcabuzaso.  Las fuerzas españolas no los siguieron por el riesgo del totoral donde los indios tenían sus emboscadas.  Entonces se limitaron a quemar 19 casas que tenían los indios en las orillas y a destruir 25 balsas que tenían ya hechas.  Luego los españoles volvieron con la intención de conseguir muchas balsas y entrar en el totoral a hacer matanza de los indios uchusumas. 

Tercera entrada

El gobernador ingresó por tercera vez el día de San Francisco Javier, el 2 de diciembre de 1632. Embarcó 40 soldados en 20 balsas, la mitad de ellos con arcabuces. El gobernador se fue a la orilla del totoral con 50 hombres, doce bocas de fuego y  hasta 200 indios armados, los demás con chusos lo mejor que se pudo.  El día de Santa Bárbara, a las 7 de la mañana, descubrieron los españoles el rastro del fuego de la escuadra del cacique Pedro Laime. Venía el indio con 70 balsas y otros tantos indios armados en ellas.  Increíble era la destreza con que discurrían por las sendas y calles que tenían hechas entre la totora, encubriéndose ya todos sin saber donde estaban, ya parte de ellos para emboscada, ya adelantándose otros al descubierto, provocando a los españoles con engaño y secreta traición, para dar con ellos a sazón de vida en las celdas del totoral. En el primer momento, los españoles los embistieron. Juan Fernandez Correa que iba en una balsa con otro soldado, cogió una india y de un golpe la hirió en la cabeza.  Al fin, poco después la india herida murió miserablemente con el otro español.  Con esta desgracia se retiraron los españoles, cuando el corregidor de los Pacajes había llegado al puente del Desaguadero con 70 hombres, con ánimo de dar fin a  los rebeldes. Las fuerzas españolas se habían organizado alistando dos escuadras a una distancia de cuatro cuadras de operaciones para que guardasen un puesto por donde podrían huir a pie los uchusumas, con intento de darles batalla por otra parte del puente y al parecer  dudando envió a llamar a las dos escuadras que habían dejado para que se juntasen con otra gente que tenía para asegurar la entrada. La primera escuadra constaba de doce hombres bien armados, todos a caballo y con buenos mosquetes y munición, bajo el comando de Francisco Marquez Mansilla. Descubrieron en la playa del totoral algunos indios de guerra; y llegando a ellos como a una cosa hecha comenzaron a pelear. Los indios simulando poco a poco iban internándose al totoral haciendo que los españoles los siguieran. Estando dentro salieron por los lados las tres escuadras de los uchusumas que habían estado en celada en el totoral y los cerraron.  “Salieron con mucha orden militar, con cuatro banderas, siguiendo cada cual la suya”.  Los españoles viéndose en peligro de vida, enviaron con un soldado a llamar  a la otra escuadra española que estaba ya muy cerca conformada de trece soldados, y aunque llegó con tiempo y peleó para socorrerlos, no surtió efecto por ser muchos los indios y muy diestros en el tirar de los libes y jugar de las lanzas. Perecieron allí miserablemente sin poder escapar ni aun el que había ido a llamar para pedir socorro a la otra escuadra, el cual volvió y murió con los once compañeros, lanceados por los bárbaros.  Ahí murieron doce españoles.  Con estos murió un indio yanacona y de los bárbaros murieron sólo tres.  La otra escuadra española, viendo lo que pasaba, se retiró habiéndoles ganado los enemigos 17 mosquetes, que quitaron a los muertos y 12 espadas con sus dagas y algunas otras armas, con más las doce cabalgaduras en que habían venido los españoles difuntos, cuyos cuerpos despojaron hasta de las camisas, y así desnudos los arrojaron a la orilla del totoral.  El mismo día llegó al puente del Desaguadero la escuadra que había escapado sin orden ni concierto, con la nueva triste del suceso, que causó gran lástima a todos, y en especial al corregidor de los Pacajes, que hizo extremos de sentimiento.  Y recogiendo su gente, partió al día siguiente al pueblo de Guaqui [Waqi], y desde allí envió una escuadra de soldados para traer los cuerpos muertos y darle sepultura. Después las autoridades españolas practicaron las persecuciones a los líderes indígenas y a los capturados enviaron a Arica. 


[1] Archivo Histórico de Jujuy (AHPJ) o Archivo del Marquesado de Tojo. Carpeta 271. Autos creados sobre la maledicencia de robos y homicidios de los huros en el asiento de Ochosuma, Provincia Chucuyto, f. 5v.

[2] Roberto Choque Canqui.  Jesús de Machaqa:  La marka rebelde I.  Cinco Siglos de Historia.  Plural/Cipca.  La Paz, 2003, p. 44.

[3] Antonio de la Calancha y Bernardo de Torres.  Crónicas Agustinianas del Perú.  I, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.  Instituto “Enrique Flores.  Madrid, 1972, pp. 293-294.

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