Posteado por: indigenas | julio 17, 2007

DEFENS0RES DEL REY A LA REVOLUCION ANTICOLONIAL (1809)

Roberto Choque Canqui 


La revolución anticolonial en La Paz 

José Ramón de Loayza, propietario de las mejores haciendas productivas, entre ellas: Macamaca (situada en el valle de Caracato), Incapampa y Yarisana (ubicadas en los yungas de Coroico); Pedro Domingo Murillo, Martín García Lanza (padre de los hermanos Gregorio, Manuel Victorio y Miguel García Lanza) y su hermano José Gavino García Lanza habían sido partícipes de la revolución del 16 de julio de 1809 pero también participaron en 1781 contra las rebeliones indígenas encabezadas por Túpak Katari.  Aquí hay que agregar a Ramón Arias y Juan Manuel Cáceres. El proceso revolucionario del 16 de julio de la ciudad de La Paz, sin duda, tiene estrecha conexión con el de mayo de 1809 en Chuquisaca. Allí los revolucionarios lograron que demitiese el Presidente de la Audiencia de Charcas, teniente general D. Ramón García Pizarro, cuya actuación parecía estar más que todo en defensa de Fernando Séptimo y contra la invasión francesa a España.  Por su parte, el resultado de los ánimos de los paceños los llevó a germinar sus ideas a través de una o más juntas nocturnas y secretas para disponer las acciones en la noche del 16 de Julio.  Un Dr. Michel so pretexto de conducir una Real Provisión había venido a la Paz a promover y adelantar la sedición pero el gobernador Dávila con los sobrados fundamentos de sospecha en su comisión debió sin dejarse sostener con tesón la providencia que expidió de no permitirle su entrada en la ciudad”[1]. Es importante subrayar que La Paz estuvo mucho tiempo al igual que otras ciudades del centro América sin ninguna guarnición militar. Cuando la invasión de los ingleses se produjo en Buenos Aires al mando del general Berresfort se acuartelaron algunas compañías del batallón de milicias que luego fue sustituido por un regimiento fijo de aquella capital a las órdenes del Teniente D. Joaquín Terán y subteniente D. Francisco Nesla. Esa compañía, compuesta de algún sargento y soldados europeos fueron el resto que vinieron al Perú para combatir contra la rebelión de los años de 1781 y 1782 en los regimientos de Soria y Extremadura[2]. Una vez que supieron en La Paz sobre la introducción de los ejércitos franceses en el territorio español con el objeto de apoderarse de la monarquía con la prisión del “idolatrado Rey el señor Don Fernando Séptimo”, empezaron a buscar la libertad del Rey cautivo y al mismo tiempo sacar triunfante a la nación española, su religión y patria. Pero de pronto el movimiento libertario se orientó hacia las ideas de “independencia de las Américas” como una loca fantasía de formar “imperios, reinos y repúblicas”. Cada uno empezó hacerse la idea  de ser acreedor al gobierno de una provincia y sentirse capaz para el desempeño de su ministerio en vista de que los españoles aliados con los ingleses tardaban en defenderse con tesón y energía sin igual. Este tiempo de turbulencia y aflicción fue aprovechado para “separarse de la metrópoli dejando a la Madre Patria” no sólo envuelta en sus desgracias, sino también en “la necesidad de llorar la separación de sus Américas”, puesto que “los autores de la maldad” se habían persuadido en pensar que España no podría atender a dos temas: a la expulsión de los franceses y al pronto auxilio de la gente para la conservación de sus dominios[3]. Indudablemente pocos revolucionarios paceños estaban dentro de ese contexto político. Según la relación imparcial de los acontecimientos de la ciudad en la noche del 16 de julio de 1809, Pedro Domingo Murillo natural de La Paz, con relación a otros revolucionarios, “de nacimiento aun más obscuro en términos de no merecer la menor consideración de las gentes de honor” fue considerado como un personaje contradictorio. Además, Murillo, tenía antecedentes delictivos por haber falsificado los títulos de abogado; en 1805, estaba preso por ser autor de unos pasquines y también fue sindicado por ser cómplice en la alevosa muerte de un tal Zárate, lo cual sucedió en Chuquisaca[4]. Pero como jefe de la revolución fue muy importante su participación en los acontecimientos del 16 de julio de 1809 en la ciudad de La Paz. Pero a Murillo hay que ubicar entre dos procesos de la revolución. En el primer momento, su actuación fue sorprendente con una estrategia y buena coordinación con sus compañeros para el triunfo de la revolución. El resultado fue como fruto de las juntas y reuniones que permitieron reunir y hacer tomar parte a la plebe contra los europeos que para este fin tenían considerable cantidad de armas en el Convento de San Francisco y un respetable tren de artillería en la hacienda de Cebollullo.  La noche del 16 de julio se habían desarrollado acciones con bastante acaloramiento pero la verdad es que aquella noche los europeos no sabían “nada de los movimientos”, sino que recién se enterarían el siguiente día que era viernes. En los regimientos de Soria y Extremadura, compuesto de patricios, sabedores con anticipación de lo planificado, se había preparado en forma silenciosa arguyendo que era necesario que las guarniciones fuesen de la “gente de la Península”. Salieron con sus oficiales “a la procesión” en “aquella noche del 16 con la imagen de Nuestra Señora del Carmen” cuya festividad  celebraba “la Iglesia en aquel día”. Eso explica que el estallido de la revolución hubiese sido sorpresivo, estratégicamente planeado y ejecutado. Se dice que este movimiento estuvo en pleno conocimiento del teniente asesor gobernador Intendente interino Dr. D. Tadeo Dávila, puesto que como resultado de ese hecho sólo hubo la prisión de uno o dos mozos ya que a los dos días fueron puestos en libertad. Por una parte, también era una realidad el parentesco y hermandad entre los patricios y europeos; por eso más bien debían desterrar “para siempre los odiosos nombres de criollo y chapetón” bajo la denominación de españoles a fin de que viviesen “con fraternidad y unión”, sin ninguna oposición. Por otra, aquel gobernador, agobiado de años y de males, no estaba acostumbrado a esa situación, porque más bien su labor era de asesor aquí (La Paz) y antes en Salta de los gobernadores intendentes. Persuadido de mandar (o gobernar) una provincia en tiempos tan críticos, era lo mismo que manejar los asuntos forenses en su estudio, no tomarse otras providencias, cuando avisado por varios vecinos de muchas juntas, reuniones y movimientos sospechosos no había prestado atención a nada. En un primer momento el fruto revolucionario había sido la consolidación de Junta Tuitiva siendo Murillo un actor importante para tomar las decisiones políticas con la deposición de autoridades constituidas. Sin embargo, en el segundo proceso, cuando entró la revolución a su etapa crítica porque el cambio ideológico se había orientado hacia el proceso de la independencia, y de esta manera se contradecía el uso de la máscara de Fernando Séptimo, su actuación fue diferente. En esto Murillo estaba perdido frente a la aproximación de Goyeneche para conjurar la revolución. Entró en su ambigüedad por no asumir la causa revolucionaria como cabeza de la revolución.  El 17 de septiembre de 1809, Murillo escribía al virrey Baltazar Hidalgo y Cisneros de la Torre, manifestando que pese a haber mantenido la tranquilidad en la ciudad de La Paz y toda su provincia con subordinación a las legítimas potestades, se han experimentado acciones hostiles por la provincia de Puno ocupando el pueblo de Copacabana y subvirtiendo a los naturales con promesas de redimir del tributo real por D. Diego Quint Fenández Dávila, coronel propietario del batallón de esta ciudad quien según la voz común habiendo sido el principal caudillo en la noche del 16 de julio se había  trasladado a dicha provincia de Puno y conmovido sus gentes a fomentar una guerra entre vasallos de un mismo soberano. El día doce de ese año se daba aviso por el subdelegado del partido de Pacajes que había mandado tropas armadas con cañones volantes de campaña por el Desaguadero a invadir los pueblos con ánimo de llegar a la ciudad de La Paz[5]. De esta manera Murillo trataba de no asumir su rol revolucionario como caudillo, sino que para él Diego Quint Fernández Dávila era el caudillo del 16 de julio. Existieron dos grupos de revolucionarios partícipes en dos momentos históricos mediados por un lapso de 27 años. En su primer momento la defensa realista era absoluta contra la rebelión india. En ese entonces los Tupak Amaru y Tupac Katari recibieron un atroz castigo con el descuartizamiento. Aunque su muerte de ellos tampoco significó el fin de la lucha india sino que continuaría, incluso de generación en generación. Mientras los defensores del rey, simbolizado con Fernando Séptimo tuvieron la coyuntura de protestar contra la invasión francesa a España para aprovechar sus intereses de crear nuevos estados que llegarían con la independencia de España. Pero nunca los independentistas pensarían en la liberación de las masas indias de los Andes, sino que la fantasía de formar “imperios, reinos y  repúblicas” sería sólo para ellos.



[1] Biblioteca Nacional (Madrid). Manuscrito 13150. Relación imparcial de los acaecimientos de la ciudad de La Paz en la noche del 16 de julio de 1809 y días sucesivos. Folio 40 v.

[2] Biblioteca Nacional (Madrid), Ms. 13150, folio 40 v.

[3] BN (Madrid). Ms. 13150, folio 39.  

[4] BN (Madrid). Ms. 13150, nota 4.

[5] BN (Madrid). Manuscrito 13150. Carta de Murillo al virrey D. Baltasar Hidalgo y Cisneros de la Torre, folio 24.


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